Centro de terapias Om Reiki                                                                                                                                    Escuela Reiki de Asturias                                           

                                                            

 

El león y el ratón

El sol de la tarde caldeaba las flores, hasta que empezaron a balancearse soñolientas y e! follaje de los árboles proyectó un cambiante dibujo de sombras sobre el suelo del césped del bosque. Reinaba el silencio en la tarde y todos los animales estaban tendidos, durmiendo cómodamente la siesta. Todos salvo el ratoncito gris que retozaba feliz en aquella tarde estival.

Persiguió de manera tan alocada su propia cola que chocó con el gran león, tendido perezosamente al pie de un árbol. El ratón creyó que sólo había chocado con el tronco del árbol y hasta que se topó con la nariz del león y sintió su aliento, no comprendió lo que había hecho.

El rey de la selva se movió como si sintiera un cosquilleo en la nariz y abriendo un ojo, vio al ratoncito gris. Inmediatamente, puso la pata sobre la larga cola del animalito. El ratón chilló, con terror:

¡No, no, rey León! ¡Ten piedad de mí!

Tiró y forcejeó desesperadamente tratando de liberar la cola del peso de la gran pata que la sujetaba. Pero no pudo zafarse y cada vez que el león profería un rugido ensordecedor como un trueno el ratoncito se estremecía de susto.

No, no - decía con voz trémula. - No, rey León ¡No! Ten piedad de mí. ¡Quita tu pata de mi cola y déjame ir!

Pero el león se limitaba a aturdirlo con otro rugido.

Entonces, apelando a todo su ingenio, el ratón le dijo:

Sin duda, el gran rey de la selva no querrá mancharse las patas con la insignificante sangre de un ratoncito gris. ¡Suéltame, rey León!

Pero el león le asestó un golpe con la pata.

¡Oh rey León! Si me sueltas, algún día te salvaré la vida.

Al gran animal lo divirtió tanto esta idea que se echó a reír sonoramente y alzando la pata, dejó huir al asustado ratón.

Tiempo  después, el ratoncito, al corretear de nuevo entre los árboles del bosque, oyó un bramido de dolor que llegaba del otro lado de la arboleda. Siguió la dirección del ruido y vio a su amigo el león, firmemente atrapado en la trampa de un cazador. Ahora le tocaba al gran rey de los animales tirar y forcejear. Pero cuanto más intentaba liberarse de la red, tanto más se enredaba en ella.

El ratón advirtió en seguida lo que sucedía y empezó a roer las mallas de la red hasta que, a los pocos minutos, el rey de la selva quedó en libertad.

Un favor merece otro - dijo con vivacidad el ratoncito, mientras escapaba para jugar

Ayuda sin mirar a quien. Nunca sabes a quien te puede ayudar a ti. El que hoy es ratón mañana puede ser león y viceversa.