Centro de terapias Om Reiki                                                                                                                                    Escuela Reiki de Asturias                                           

                                                            

 

Anclaje de entidades negativas

En ocasiones encontramos durante algunas sesiones de limpieza y sanación que una persona  tiene una o varias entidades “negativas” ancladas en su aura. También puede ocurrir al leer los archivos akásicos.

Para estas entidades nuestro sistema energético sólo es “comida”.

Yo Superiores “negativos” y entidades del astral

Tanto aquellos Yo Superiores que han desconectado conscientemente de la fuente de energía universal como las entidades del bajo astral que subsisten a base de emociones deben “conectarse” a algo o alguien si desean “mantenerse vivas” (por decirlo de alguna forma). Este “alimento” lo encuentran principalmente en el campo energético que todos emitimos, y que proporciona el sustento perfecto para que una o varias de estas entidades traten de aprovecharse del mismo. Una vez enganchadas lo que hacen es generar artificialmente ciertos tipos de emociones negativas en la persona para que genere esta energía que necesitan y con la cual se sustentarán.

Ninguna entidad, del tipo que sea, puede anclarse a nosotros si no le damos permiso, por lo que siendo conscientes de ello, podemos evitar en todo momento que se nos conecten al aura. Evidentemente esto no es común, y nos encontramos que tenemos una o varias entidades sin saber cómo ni por qué les hemos permitido que se anclarán a nosotros.

Permiso durante el sueño

No entendemos cómo se nos ha podido enganchar una entidad negativa, y es que la mayoría de las veces, ocurre mientras dormimos. Para obtener nuestro permiso usan distintas maneras tratando de embaucarnos, entre ellas, disfrazarse de lo que no son: guías, maestros espirituales, ángeles, seres “de luz”, etc. Pueden entrar en contacto con nosotros especialmente durante el sueño, cuando nuestra alma vaga libre por el astral y va “socializando” con otras entidades y seres que nos vamos encontrando por esos planos. El simple hecho de entablar una conversación con algún ente que parece interesante y que nos ofrece cualquier cosa a cambio de que luego le permitamos coger un poquito de la energía del cuerpo físico, suele ser lo más normal.

Algo a cambio

Normalmente siempre nos ofrecen algo a cambio aporque el anclaje no se hace gratis. Cuando le preguntamos qué nos ha ofrecido o qué le hemos pedido para dejar que se enganche, suelen ser cosas tan profundas como amor eterno, cariño, seguridad física, etc. Parece que pedimos cosas que a todos nos faltan en el plano físico, o por lo menos, que no se corresponden como creíamos conocerlas antes de estar encarnados. Al menos, en una lectura, eso nos da una indicación de alguno de los deseos más profundos del alma, que no tiene porque cuadrar para nada con lo que la mente lógica y racional desea cuando estamos despiertos. En el astral no es posible camuflar lo que uno siente ya que nuestro cuerpo emocional está completamente a la vista de todos. Estas entidades saben muy bien lo que anhelamos profundamente y juegan con ello.

Evitando los enganches

Es más fácil en unos sitios que en otros que una entidad nos eche el ojo para luego intentar engancharse. Los mejores lugares para esas entidades son sitios en que se reúnen  personas "espirituales" para reuniones, cursos, convenciones, congresos, pues en principio la energía que radian suele ser bastante más alta que en otros sitios, y por tanto, un bocado más apetecible.

Los lugares donde hay una concentración masiva de personas  (discotecas, conciertos, campos de fútbol, etc.), completan la lista.

Quienes son conscientes de ello, limpian estos lugares antes de este tipo de eventos, pero no todo el mundo se da cuenta de ello y muchos de nosotros nos vamos a casa con una entidad acechando que tratará luego de conseguir nuestro permiso para anclarse a nosotros.

Podéis probar en todo caso, antes de iros a dormir, a decir “esta noche prohíbo dar permiso a ninguna entidad que me encuentre por muy tentadora que sea su oferta”, y a ver qué pasa. Es una forma de programar una posible protección automática.